martes, 3 de junio de 2014

Operador telefónico

-Dios no es un operador telefónico- le dije al estúpido dogma implantado en mí años atrás.
Dos veces por día, caía. Y podía ver que mi religión se había esfumado con el paso del tiempo.
Y es que, el que cree, no puede saber.
Pero el que sabe, no puede creer.
Y yo no sabía ni creer, ni saber.
¿Por qué no tengo a quién rezar, día y noche?, ¿Por qué no me queda una absurda esperanza cuando todo sale mal? La realidad duele, y ser realista, hoy en día es un estado de guerra.